- [ ] Soy Do. Ni re, ni sol. Do. No es bemol, ni sostenido. Do. Así nomás. Como la nota musical. La primer nota de la escala. Me ubica creo, en un lugar privilegiado. De conductor. O soy yo quizás que quiero verlo así. Pero cada vez que me dice Do, me conmuevo. Me estremezco. Miro al frente. Desafío. Siento que soy invencible. Soy Do. Soy el abuelo Do. Un montón. Un título de nobleza. La copa del mundo. La medalla dorada. Que empiece la fiesta y se vayan los miedos. Que suene la música y repiquen los tambores. Gracias Ame por esa distinción. Y por que me coloques allá arriba. Soy Do. Y junto a vos armamos el acorde. Soy Do, mi Sol ☀️ Te amo
martes, 1 de septiembre de 2026
viernes, 12 de junio de 2026
Encuentro con Kaia
Hace unos días fui a buscar a mi nieta Kaia al cole. Apareció corriendo hacia mí con esos ojos intensos y su risa de catarata.
Comimos ñoquis, nos divertimos y me contó cómo le había ido. Después me pidió ver Frozen.
Una de esas historias donde el amor y el temor se enredan no sin algo de perversidad.
Ella miraba con ojos nuevos aunque conocía la historia. Después de un rato me dice con voz temblorosa, “abuelo ahora vienen los lobos?”
Miraba inquieta, asustada, entonces le pregunté.
—¿Querés seguir viendo la peli?
—Sí… —me dijo. Y enseguida— Abuelo… ¿los lobos la van a comer?
Su cuerpito se fue acercando al mío, como si supiera el camino. Primero un poco. Después más. Hasta abrazar mi brazo izquierdo como quien se agarra de algo que no quiere perder. Temblaba pobrecita. —Vení, subí con el abuelo. Le dije
Se sentó en mi falda, todavía tensa y asustada. Me pellizcaba las manos suave, asegurándose que yo seguía ahí.
Y entonces la abracé. Con los dos brazos.
De a poco y muy de a poco, se fue entregando.
Hasta que apoyó su cabecita en mi pecho.
Y en ese instante entendí algo que no sabía. O sí, pero se me había olvidado.
Ser abuelo es, quizás, lo más parecido a ser un cielo. Un refugio. Un momento de calma.
Y en un abra cadabra hacer que el miedo de esfume. Se transforme.
“qué me puede pasar rodeada con los brazos del abuelo?”, sentí que ella sentía.
Y entonces agradecí.
Agradecí todo lo vivido. Yerros, aciertos, luchas y paces. Todo. Porque todo eso, de alguna manera, me había traído hasta ese sofá, hasta ese abrazo, hasta ese instante.
El sentido de toda la vida estaba ahí, precisamente. En ese abrazo sin tiempo.
Quisiera que ojalá dentro de mucha vida, cuando colapsen en ese instante mi antes mi después y mi ahora,, algo de ese momento quede en su recuerdo.
Como una sensación. Como una huella invisible.
Que un día, sin saber por qué, sienta que en el mundo hay lugares seguros
y que alguna vez se sintió protegida rodeada de mis brazos.
domingo, 7 de junio de 2026
Presente Perfecto
Presente Perfecto
Vivo acá. En mi paraíso. Por donde pasaba entrenando de chico cuando dábamos la vuelta al club. Justo acá, en la esquina, empezaba una cuesta dura de subir. Como en la vida. Apretar los dientes y seguir. Recuerdo muchas veces haber soñado con que mi vida transcurriera acá. Con esos árboles y la cercanía al club. Flashes lejano casi imperceptibles. Pasaron años y cosas en el medio. Muchas. Casi todas. Ausencias que no tuvieron reemplazo, exilios, llanto y locura. La facu ,el rugby, los amigos, la madre de mis hijos. Cuatro varones que me curan el alma. Me la cicatrizan. Me la suturan. Después, la separación.La negra apareció en el momento justo. Preciso. Mi compañera desde hace veinte años. Mientras, mi árbol me estaba esperando. Como esperan los árboles, así, en silencio. Una jugada del azar, inesperada, me hizo comprar la casa donde vivía él, dando sombra y derrochando colores. Cobijando. Después, mucho después, un delirantenos dijo que nos teníamos que encerrar. Que los murciélagos chinos y no sé qué. Que el aire libre era peligroso. Que dar un abrazo era un pasaporte a la muerte. La gente enfermó de miedo. La reflexión colectiva se tomó licencia. En esa época entrópica y alborotada, fueron apareciendo de a poco diez ojitos de cristal que me dicen,abuelo. Pronto me enseñaron un amor distinto. Infinito. De abrazos interminables. De cuerpo a cuerpo sin tiempo. Pero en esos días de aislamiento que transgredí rebelde, lo empecé a observar. Dicen que griegos y celtas creían que en los árboles habitaban los Dioses. Quizás sea cierto. De a poco, al nuestro, mi compañera también lo fue descubriendo. Lo decoró como con ropa de lana de colores y cositas que hacen ruido con el viento. Así me amigué de él. En aquél marzo empezaron a amarillearse sus hojas. Como me está pasando a mí ahora. Como cuando de golpe la salud te dice, pará. Cuídate. Y ahora vuelve lento arepetirse el mismo proceso. Hoy está sin hojas. Con las ramas desnudas como venas abiertas mirando al cielo. Así estoy. Mañana empiezo el tratamiento. Tres meses de espera otoñándome mientras llega el invierno. Esa parte de la vida que prometo postergar todo lo que se pueda. Tengo mucho por hacer. Mucho por crecer cambiar y aprender. Cosas que compartir y disfrutar. Entonces el segundo jeringazo y rayos todos los días cinco semanas. Cada mañana y cada regreso a casa me irán mostrando el paisaje. Seguramente veré reverdecer mi entorno, mi vida y mi árbol. Le aparecerán brotes verdes y luego hojas. Y así será. Y me estará esperando mi compañera para enredarnos en abrazos. Y habrá alegría y ruidos de juguetes, bicis, pelota y disfraces. Sonará fuerte la música. Y habrá vuelto el compañero, el padre, el abuelo y el amigo que no dejé de ser. Y será irrefrenable. Como un rayo. Como un vuelo de águila. Como la luz. Y estaré agradecido. Y comprobaré una vez más que se puede cortar una flor o talar un árbol, pero que será imposible detener la primavera.
Tomy
Sábado de sol y rugby. Una tarde de que parecía una tarde más.
Pero no.De pronto Tomy retrocede y cae. Sí Tomy. El de hierro. El que tacklea con ruido.
El que al adversario le cuesta enfrentar porque le es incómodo.
Y ahí empieza otra película. Le de cruzar el océano con un bote a remo.
Entonces se despereza el elefante y va. Para dar hasta que duela.
Todo el club detrás del Doc, del abuelo, del Bola, del gordo Toro de Marcelo, del Tucu en el instante donde de un pedazo de cielo aparece un ángel.
Justi. Preguntando si puede colaborar. Con la humildad de los distintos. De los apasionados.
De los que creen. De los que te ilusionan. Y en 23 minutos que parecieron años, sin bajar la guardia y convencidos de ganar, lo trajeron de vuelta de algún extraño lugar donde te fuiste un rato, Tomy.
Mientras, la vigilia del club, la gente y la tozudez de la 88 experta en dar la vida por un amigo. Confiando.
Eso somos. Más que un club. Una energía inquebrantable con un propósito. Que siempre da un poco más.
Que no se rinde. Una esperanza colectiva. No. No es casualidad que la que lideró el milagro sea bisnieta de uno de los que soñó éste transito celeste y amarillo que nos une para siempre.
Estemos juntos. Sigamos soñando fuerte.
lunes, 4 de mayo de 2026
Los Cinco de Adelante(prologo)
Se los identifica por su gran tamaño. Suelen ser gordos y con un dejo desprolijo. Juegan con barba de dos o tres días que les brota como púas. Herramienta indispensable en el roce constante con el adversario. Se mueven como un clan, que no desconoce los secretos de una parrilla por rústica que esta sea.
Pero cocinan con amor y dedicación. Ahí también se dejan la vida. Salen últimos de la ducha. Claro, dejan que el agua corra como un río aliviando los golpes recibidos. Festejan una pelota recuperada o un tanto producto de su trabajo con pechazos u hombrazos. Toscamente. Mientras tanto, otros son los que salen en las crónicas deportivas. Sale la foto de una palomita hacia el try desafiando la ley de la gravedad. Como si los otros fueran capaces de volar. Pero no se equivoquen. El esfuerzo sordo duro y transpirado fue de los gordos. De los cinco de adelante que generan una energía que no se puede explicar. El partido continúa y vuelven a empezar. Mil veces. Hasta que el cuerpo cruje.
Hasta que sangra el alma. Con humildad. Con disciplina.
Y en silencio.
domingo, 3 de mayo de 2026
Prohibido Desear
Acá estoy. Soy el deseo. Tu deseo. Tú motor. Pero, qué pasa cuando intentás ser?Cuando te constituís como una persona libre? Cuando buscás tu singularidad?Pero cómo? Sos hijo y nieto de escribanos ,abogados, modistas o zapateros. Da igual. Que otros caminos?veni al taller! Pero lo vas a dejar a tu padre con el negocio ? Sólo?Músico? Actor?Enloqueciste? Quizas. Entendé que la vida es un viaje de aprendizaje. Qué pasa entonces cuando deseamos algo y nos encontramos con que está escrito lo que debemos ser, lo que tenemos que sentir, lo que deseamos desear ? La mandatos raudos vienen a reprimir esos deseos.A asesinarlos. Y nos vencen las estructuras y los asesinamos y enterramos vivos. Nos adaptamos a lo que se espera de nosotros. Y por qué. Y para qué? Basta! Sacudite. Salí. Corré. Mojate bajo la lluvia. Pisá los charcos. Salpicá. Demolé y Construí. Construíte. Hacete de vuelta. Acelerá en las curvas. Cambia el camino que aún podés. Siempre podés. No me hables de edad. No me hables de seguridad. Arriésgate. Golpeate. Empezá. Reite de vos. . Bailá solo. Cántale al sol. Soñá. Descálzate dónde estés. Desafía. Pregúntate. Dudá. Desconfía del camino trazado y Agarra el desconocido. El que te lleva a un lugar que no es el que estaba diseñado para vos. Llorá escuchando una melodía . Inventa una canción. Escribí un texto que te trascienda. Y Abrazá más. Deciles que los amás. Exponete. Rompé ese moldé que quiere someterte a que te mueras vivo, porque está visto , que está prohibido desear.
- De los cocodrilos y los sueños.
- La isla donde vivo está rodeada de cocodrilos. Invisibles de día. Casi diría que inofensivos. Pero aparecen con la caída del sol. Con las primeras sombras. Ya de noche cuando se amotinan los pensamientos explosivos, estallan en mi cabeza los cocodrilos asesinos. Con sus colmillos amenazantes. Mezcla de dragones con ojos rojos de ira. Destructivos. Entonces respiro. Me observo, me pierdo. La noche es más larga que un siglo. Vuelco de un lado al otro.Tengo miedo. Transpiro. Quiero que salga el sol, pero no. Deseo dormir aunque sea un rato. Que me repare. Que me reponga, me cicatrice y me cure. Amanece lento y veo tenuemente alrededor. Entreabro los ojos y atravieso las paredes con mi imaginación. Como si esperara algo o alguien con respuestas, que nadie trae, que nadie tiene. Abro las ventanas y veo el sol. Y veo las otras islas y otros seres extraviados en sus territorios rodeados también. Será que la vida es parecida a eso. Islas rodeadas. Todos tenemos nuestra isla rodeada. Por pensamiento y situaciones horribles e intrincadas. Urgentes. Inmediatas. Como la respiración. Como una sonrisa. Como un beso con abrazo donde dos islas se funden en una sola y la lucha se hace menos cruenta. Y vuelvo a creer. Y empiezo de nuevo
Kaia
La fui a buscar al colegio y apareció corriendo hacia mí con esos ojos intensos y su risa de catarata.
Comimos ñoquis, nos divertimos y me contó del cole. Después me pidió ver Frozen.
Una de esas historias donde el amor y el temor se enredan no sin algo de perversidad.
Ella miraba con ojos nuevos aunque conocía la historia. Después de un rato me dice con voz temblorosa abuelo ahora vienen los lobos?
Miraba inquieta, asustada, entonces le pregunté.
—¿Querés seguir viendo la peli?
—Sí… —me dijo. Y enseguida— Abuelo… ¿los lobos la van a comer?
Su cuerpito se fue acercando al mío, como si supiera el camino. Primero un poco. Después más. Hasta abrazar mi brazo izquierdo como quien se agarra de algo que no quiere perder. Temblaba pobrecita. —Vení, subí con el abuelo. Le dije
Se sentó en mi falda, todavía tensa y asustada. Me pellizcaba las manos suave, asegurándose que seguía ahí.
Y entonces la abracé. Con los dos brazos.
De a poco, muy de a poco, se fue entregando.
Hasta que apoyó su cabecita en mi pecho.
Y en ese instante entendí algo que no sabía. O sí, pero se me había olvidado.
Ser abuelo es, quizás, lo más parecido a ser un cielo. Un refugio. Un momento de calma.
Y en un abra cadabra hacer que el miedo de esfume.
“qué me puede pasar rodeada de los brazos del abuelo?”, sentí que sentía.
Y agradecí.
Agradecí todo lo vivido. Yerros, aciertos, luchas y paces. Todo. Porque todo eso, de alguna manera, me había traído hasta ese sofá, hasta ese abrazo, hasta ese instante.
El sentido de toda la vida estaba ahí, precisamente. En ese abrazo sin tiempo.
Quisiera que ojalá dentro de mucha vida, cuando colapsen en ese instante mi antes mi después y mi ahora,, algo de ese momento queden en su recuerdo.
Como una sensación. Como una huella invisible.
Que un día, sin saber por qué, sienta que en el mundo hay lugares seguros
y que alguna vez estuvo protegida en éstos brazos.
lunes, 15 de septiembre de 2025
Nuestro Club
- Breves instrucciones para hacer un club como el nuestro. Básicamente se necesitan algunos jóvenes que demuestren prematuramente signos de insanía. Que sueñen un lugar fuera de escala, donde jugar y crecer sean el motivo. indispensable será tener un líder imprudente, que salga a conseguir 5 hectáreas y vuelva con la certeza de comprar 80. Ahi entonces se requiere que el grupo de enajenados que lo acompañan lo apoyen en la decisión sin restricciones. Desquiciados con sus insensatos ideales ponen entonces manos a la obra meticulosamente. Claro que esa epidemia de gente alborotada al cabo de un siglo logra que la locura se difunda. E incluso se contagie. Los disparates van aumentando y con el tiempo trastornan a un grupo de mujeres que hasta el momento no habían dado muestras de insanía. Suman entonces a éstas leonas que ofrecen sus ideas y trabajo postergando a veces intereses y cuestiones personales. Y hacen bingos y tortas y fiestas y mil cosas. Asi se hace un club como es el nuestro. Con un delirio colectivo y contagioso. Si no sos así, mejor no te arrimes demasiado. No es bueno que la correntada te lastime. Somos así, incorregibles. Corren riesgo en consecuencia nuestras crías que nacen de esas parejas aturdidas y se forman en ese disparatado contexto. Imprescindible será irse dormir con la celeste y amarilla que usaron todo el día. Delirantes. Con una frase que intenta darle forma a ese atentado a la razón “no traten de entenderlo”. Y tienen razón. Ésta gente está enferma de verdad. De pasión desenfrenada. Alienados. Enajenados. Los encargados de recibir nuevas familias a éste delirio, sólo observa que se incorpore gente que privilegie el sueño al pensamiento. Que valore el hacer. Que posea un corazón más grande que el cuerpo que los rodea. Es entonces que de la misma manera que un desequilibrado se sumerge en una zanja con dos metros de agua para buscar la pérdida de un caño y otro pone la ingeniería financiera para encarar una nueva cancha o afrontar un juicio, muchos otro entrenan. Y mientras otro lanza una gira inoportuna para 130 personas a Europa y las mujeres recaudan de forma heterodoxa dinero para la cancha de agua, un irrespetuoso clava un drop de mitad de cancha después que sonó la chicharra. Y así van. Movidos por el desorden. Por la entropía. Con la convicción de que van a un lugar mejor. Donde cada uno pone su mejor versión día tras día. Donde todo es posible porque la locura atraviesa en forma transversal a cada uno de ellos. Que siempre encaran con valentía y decisión los nuevos desafíos. Y así son. Ni mejores ni peores. Pero algo diferentes. Qué puede salir mal?
lunes, 2 de diciembre de 2024
Quién soy
No sé.
No sé quién soy en realidad.
Navego entre el abuelo de colores, siendo una pareja apacible, un padre cercano y de golpe no. Soy un asesino. Un ladrón.
Un enfermo de pasión desenfrenada
Y mientras te arranco de las vísceras el cuchillo que te hundí ,te acaricio tiernamente. Con una canción de cuna. Con la luna en nuestros brazos.
Y te dibujo el arco iris en los labios para que te hamaques en cada color.
Y vuelvo a cero. A la ciega ira del dolor atávico.
A la amenaza de la era reptiliana. Y descreo todo de la vida ,de sus formas y tonalidades. Y todo es sepia. Todo es dolor enfermedad y muerte.
Sólo algún acorde me saca de ese hueco que tengo en el pecho. Que no me permite ser. Que me tiene vedado sentir y expresar.
Pero por suerte el atardecer me devuelve el otoño, con su frío y sus imágenes cambiantes. El lento andar del sol va despidiéndose.
Sus últimos rayos apenas me entibian éste gélido interior.
Nada peor que teneme de enemigo.
Nada peor que mis pensamientos
ensañándose contra éste presente tan generoso como apacible.
Nada peor que mi propio desorden.
Que mi propia entropía.
Algún día sabré cual de los dos soy. Y seré mi mejor versión. Del asesino o del tipo bueno y valiente que por momentos parezco ser
lunes, 8 de enero de 2024
El abuelo
El sol resquebraja la tierra. El aire se ausenta.
Ni la sombra del aguaribay alcanzaba,
Por las hendijas de la persiana veo a mis viejos acatando la costumbre de la siesta.
Transgredo la norma y salgo.
Bajo la sombra generosa de un alero mi abuelo lee.
El tiempo se pone en pausa y hasta las hojas se aquietan.
De pronto, entre espinillos y arbustos bajos, la iguana.
La de siempre a esa hora.
Me impactaba y presentía su aparición.
Ella no ignoraba que el abuelo dejaba un plato con agua a su lado. La iguana se acercaba y bebía.
Jugaban a no mirarse pero se sabían largamente. A ella le seducía la sombra y aliviaba su sed. A él, le atraía ese encuentro cotidiano. Finalizado su rito, ella se alejaba. Él, seguía enfocado en su lectura. Sin reclamos, aquella complicidad se renovaba verano a verano. Año a año. Ausencia tras ausencia.
Vive aun en mí cierta nostalgia recordando cuando el animal se marchaba.
Intuía que con ella, también se alejaba mi niñez
lunes, 13 de febrero de 2023
Sus abrazos (Para Ame, Kaiu, Pooo)
Sus abrazos son lucesitas calmas como una nube.
Con los brazos en mi cuello y sus cabecitas en mi pecho.
Abrazos apretados.
Que transmiten lo que dan y devuelven lo que siento.
Cada abrazo es un universo de colores.
Un estallido.
Una estrella fugaz.
Un torbellino.
Abracitos irrepetibles.
Como el tiempo.
Como el agua de un río.
Los abrazos quieren que nos mezclemos, nos fundamos,
nos revolquemos en ese cuerpo a cuerpo sin tiempo.
Que sientan que nuestros corazones laten en cada abrazo.
En cada momentito que tenemos.
Abrazos de ojos cerrados con olor a hogar y gusto a caramelo.
Los abrazos son besos del alma que desesperan,
hasta el próximo abrazo que necesito justo ahora
sábado, 28 de mayo de 2022
Polito
Entonces volé y te hundiste en mi pecho
de un abrazo.
Moviendo tu cabeza sobre mí sin saber si te dormías.
Imaginando mientras sueños de pelota
con la magia de tu zurda
y esos ojos celestes, que son suyos. Re celestes.
Como el cielo que refleja soles en tu pelito rubio,
Polito mío. Cuerpito frágil de cristal bebé tan grande
que ocupas mi pensamiento en momentos como ahora, como ya,
como con frío de agosto.
Para abrigarte con mis brazos
que se estiran por cubrirte.
Dulce espera inquieta la mía.
Por llevarte a la cancha.
Por ponerte la celeste y amarilla
Surfeando con acordes de guitarra Polito mío
ya te espero cuando quieras conocerme.
Kaita
Cuando en febrero sus miradas se cruzaron,
el amor estalló y fuiste vos, Kaita.
Entonces la alegría iluminó los días
y traté de imaginar
cómo será tu sonrisa?
Qué senderos te trajeron hasta acá?
Te percibo revoltosa, impredecible.
Deseando tu llegada, te espero. En calma. A tu tiempo.
Con esos ojos saltarines. Mezcla rara de bebé y de cohete a la luna .
Eso serás. Un caudal. Un torrente desbocado.
Un río revuelto. Una flor silvestre.
Corriendo como un rayo hacia donde quieras.
Divertida. Amiga. Encantadora.
Qué color tendrá tu piel? qué te hará reír o te pondrá triste?
Quiero tenerte, cantarte, dormirte. Quiero que seas libre.
Que rías a carcajadas. Que cantes fuerte. Que no pases desapercibida.
Kaita vení. Cuando tengas ganas. De madrugada.
Saliendo el sol en la orilla de tu playa. Con bicis de colores
tu Tablita de surf y el palo de hockey.
Entonces serás afuera por fin. Los tres juntos.
Cuando quieras llegar.
Cuando quieras romper el cristal del perfil de la Victoria
sábado, 10 de octubre de 2020
Amelulu
Cuando abril empuje a marzo hacia el pasado
y los bosques se despojen de sus hojas,
la novena luna golpeará la puerta y la vida seguirá,
pero distinto.
Cuando abril empuje a marzo hacia el pasado,
tropezará el verano e irrumpirá el otoño coloreando.
Entonces, invadirás mi pecho y mis ojos y mis manos.
Y se formará un hueco en mi hombro izquierdo
donde apoyes tu cabeza con sueño de canción de cuna.
Y te contaré cuentos que le conté s tu viejo y te cantaré canciones
que allá lejos le canté.
De colores de pelota o de sueños de muñeca.
Y lo que tenga que ser, será. Sabrás solamente vos cuando hacerlo.
Entonces parará el mundo y el reloj no marcará las horas
y la hojas del otoño detendrán su vuelo.
Tendrá pereza el almanaque algunos días.
Será todo tu llegada. Y habrá pasado la tormenta.
Cuando quieras. Cuando tengas ganas que amanezca.
Miércoles de trabajo
No tiene horarios, con lo cual, la salida es aleatoria a la mañana. Abre el portón. Se va. Lento. Saluda al jardinero. Se cruza con algún vecino. Enciende la radio. Música y noticias. No tiene el TOC del volumen par. Le da lo mismo.
Mientras tanto, la panamericana se ve cargada. Habitual. Pasa el primer peaje con el pase. Trabalenguas. Transgresiones irrelevantes. Carril derecho llevando el ritmo en el volante. Los carteles verdes pasan como la vida. Descorteses. La General Paz hasta el tope. Toma el tránsito pesado, raramente vacío. Y cae a la Lugones cuidando la velocidad. Las putas multas, piensa. Despacito hasta la Illia.
Pasa. Se enreda con los ojos de la chica de la casilla. Costumbre machista aporteñada. Vuela hacia su adolescencia en el cole cuando con algunos compañeros, daba clases para adultos en un galpón. Ahí en la villa 31. Cuando eran pocas manzanas. Los preparaba para un examen que a fin de año tomaba el ministerio de Educación. Educación, piensa, hubiera sido una buena idea. Pero la urgencia y la voracidad por el poder la dejaron de costado. Como una máquina de coser vieja.
Arroyo, y por Suipacha “toboganea” hacia el bajo. Cuándo terminarán el Subte en vez de seguir con que la guita es de La Nación, de la Ciudad, de La Nación, de la Ciudad, Nación, Ciudad, naciónciudadnaciónciudad…nadie sabe. Mezquindad de la política divorciada de la gente.
Llega. Da paso a un peatón que camina descaminado. Aturdido. La maldita vorágine.
Ahora lo devora la garganta del edificio. Estaciona finito entre dos autos. Con anteojos y llaves en la mano espera al ascensor. Piso 28. El más alto. Un par de “buenos días “al azar o a destiempo. Abre la puerta. Le pide un café a Sofi. Sube al segundo piso de la oficina. Enciende la compu. Exhala. Mira el río. Esa vista colorida del Río.Una de las escasas excusas para seguir bancando el aguijón adverso de éste gris.
Desnudarse
Desnudarse
Cuando la conoció, Sole vivía en un departamento en la esquina de Tacuarí y Belgrano. Lo compartía con dos amigas de aspecto más cabalgado. Más expuesto. Habían venido del interior a estudiar. Incluso, durante el año de relación con Sole, les conoció varios romances pasajeros. Eso conspiraba contra ella que, mientras, moría de amor por él. No lo dejaba de pensar. Lo amaba locamente. Tiernamente.
Él también la amaba pero era posesivo. Celoso. Era un amor dudante. inseguro. Fantaseaba situaciones vividas por Sole vanamente. Imágenes obsesivas se le iban enquistando día a día. Diseñado en su mente un pasado de desenfreno. De relaciones ocasionales. Individuales o colectivas. Pensamientos lapidarios y desgastantes.
No le alcanzó y fue por más. A matar o morir. Desentrañando códigos. Leyendo mensajes que no debió leer. Que eran privados. Hackeando la compu de Sole en su ausencia.
Parecía gozar buscando pistas. Huellas. Esperando el momento en que se pisaría. Aguardando
el mail comprometedor. El mensaje inoportuno. Algo que la delatase.
Un día endemoniado en su obsesión,la dejó. Por puta, como le dijo la última vez que la vio. Golpeándola con un discurso que ni siquiera le dio derecho a réplica. Guiado por su percepción. Por su intuición. Loco. Se la quitó como nada. Como quien tira un par de zapatos viejos. Sin saber bien por qué. Con un desprecio inmerecido. Sin siquiera darle un espacio a la réplica. A contarles sus sentires. Sus soñares al lado de él.
Pero el tiempo y el amor son descarados. Te desacomodan. Te desestructuran. Tanto prejuicio filtrado, donde la razón hiere fatalmente al corazón. Desgarrándolo. Deviando y metiendo un piquete al tránsito del sentir.
Pero el azar, que es una moneda en el aire, los reencontró. Por esos senderos donde dos personas se buscan como sin querer encontrarse. Y a poco de tomar unas cervezas, terminaron humedeciéndose hasta el amanecer.
Pero a Sole, le pesaban cosas. Prefería perderlo a no poder confiar en él. A que la desconfiaran.A que la dudaran. Entonces fue al baño y lloró. Amargamente y balanceando sus lagrimas que sostenían sus sombrías ojeras lo encaró. Con la verdad. Como un cachetazo. Como el sudor frío en la espalda.
Lo miró a los ojos, percibiendo lo peor. Con crudeza y sin omisiones se le abrió como una flor. Y desnudando su alma entre llantos y arcadas, le contó la puta experiencia de entregarse por guita. Para comprar un libro o para poder pagar el alquiler. Entonces él, que la amaba desde siempre, le beso las manos, se ahuecó para abrigarla y se fundieron en un solo cuerpo. Rendido ante esos ojos de miel que le decían la verdad que él suponía y ya no importaba.
Crepuscular
Cae lenta la tarde. El sol ilumina los pisos más altos. El resto de la ciudad en sepia. Es un enjambre de cuerpos y almas pujando por llegar a no sé dónde.
Maletines y carteras se ignoran. Zapatos, zapatillas y sandalias, caminan frenéticos. Cada historia se enhebra con otras formando un ovillo desprolijo.
No se conocen. Se miran y aman. Se miran y odian. Dependiendo del cadacualismo.
En el medio del marasmo estoy. Desconectado. Desmembrado. Con la mirada fija en mi mano derecha. La otra mano olvidada. Con aspecto de no saber qué.
Siento chorrear sangre por mi espalda. Mía o ajena. Me derramo transitando sobre cerebros que todos pisan sin advertir. Con mis brazos desbrazados. Entre un aquí y un ahí circular. De vuelta a nada.
lunes, 14 de septiembre de 2020

