domingo, 3 de mayo de 2026

 Prohibido Desear

Acá estoy. Soy el deseo. Tu deseo. Tú motor. Pero, qué pasa cuando intentás ser?Cuando te constituís como una persona libre? Cuando buscás tu singularidad?Pero cómo? Sos hijo y nieto de escribanos ,abogados, modistas o zapateros. Da igual. Que otros caminos?veni al taller! Pero lo vas a dejar a tu padre con el negocio ? Sólo?Músico? Actor?Enloqueciste? Quizas. Entendé que la vida es un viaje de aprendizaje. Qué pasa entonces cuando deseamos algo y nos encontramos con que está escrito lo que debemos ser, lo que tenemos que sentir, lo que deseamos desear ? La mandatos raudos vienen a reprimir esos deseos.A asesinarlos. Y nos vencen las estructuras y los asesinamos y enterramos vivos. Nos adaptamos a lo que se espera de nosotros. Y por qué. Y para qué? Basta! Sacudite. Salí. Corré. Mojate bajo la lluvia. Pisá los charcos. Salpicá. Demolé y Construí. Construíte. Hacete de vuelta. Acelerá en las curvas. Cambia el camino que aún podés. Siempre podés. No me hables de edad. No me hables de seguridad. Arriésgate. Golpeate. Empezá. Reite de vos. . Bailá solo. Cántale al sol. Soñá. Descálzate dónde estés. Desafía. Pregúntate. Dudá. Desconfía del camino trazado y Agarra el desconocido. El que te lleva a un lugar que no es el que estaba diseñado para vos. Llorá escuchando una melodía . Inventa una canción. Escribí un texto que te trascienda. Y Abrazá más. Deciles que los amás. Exponete. Rompé ese moldé que quiere someterte a que te mueras vivo, porque está visto , que está prohibido desear.


  • De los cocodrilos y los sueños. 
  • La isla donde vivo está rodeada de cocodrilos. Invisibles de día. Casi diría que inofensivos. Pero aparecen con la caída del sol. Con las primeras sombras. Ya de noche cuando se amotinan los pensamientos explosivos, estallan en mi cabeza los cocodrilos asesinos. Con sus colmillos amenazantes. Mezcla de dragones con ojos rojos de ira. Destructivos. Entonces respiro. Me observo, me pierdo. La noche es más larga que un siglo. Vuelco de un lado al otro.Tengo miedo. Transpiro. Quiero que salga el sol, pero no. Deseo dormir aunque sea un rato. Que me repare. Que me reponga, me cicatrice y me cure. Amanece lento y veo tenuemente alrededor. Entreabro los ojos y atravieso las paredes con mi imaginación. Como si esperara algo o alguien con respuestas, que nadie trae, que nadie tiene. Abro las ventanas y veo el sol. Y veo las otras islas y otros seres extraviados en sus territorios rodeados también. Será que la vida es parecida a eso. Islas rodeadas. Todos tenemos nuestra isla rodeada. Por pensamiento y situaciones horribles e intrincadas. Urgentes. Inmediatas. Como la respiración. Como una sonrisa. Como un beso con abrazo donde dos islas se funden en una sola y la lucha se hace menos cruenta. Y vuelvo a creer. Y empiezo de nuevo

Kaia 

La fui a buscar al colegio y apareció corriendo hacia mí con esos ojos intensos y su risa de catarata.
Comimos ñoquis, nos divertimos y me contó del cole. Después me pidió ver Frozen. 
Una de esas historias donde el amor y el temor se enredan no sin algo de perversidad.
Ella miraba con ojos nuevos aunque conocía la historia. Después de un rato me dice con voz temblorosa  abuelo ahora vienen los lobos?
Miraba inquieta, asustada, entonces le pregunté.
—¿Querés seguir viendo la peli?
—Sí… —me dijo. Y enseguida— Abuelo… ¿los lobos la van a comer?
Su cuerpito se fue acercando al mío, como si supiera el camino. Primero un poco. Después más. Hasta abrazar mi brazo izquierdo como quien se agarra de algo que no quiere perder. Temblaba pobrecita. —Vení, subí con el abuelo. Le dije
Se sentó en mi falda, todavía tensa y asustada. Me pellizcaba las manos suave, asegurándose que seguía ahí.
Y entonces la abracé. Con los dos brazos.
De a poco, muy de a poco, se fue entregando.
Hasta que apoyó su cabecita en mi pecho.
Y en ese instante entendí algo que no sabía. O sí, pero se me había olvidado.
Ser abuelo es, quizás, lo más parecido a ser un cielo. Un refugio. Un momento de calma.
Y en un abra cadabra hacer que el miedo de esfume. 
“qué me puede pasar rodeada de los brazos del abuelo?”, sentí que sentía.
Y agradecí.
Agradecí todo lo vivido. Yerros, aciertos, luchas y paces. Todo. Porque todo eso, de alguna manera, me había traído hasta ese sofá, hasta ese abrazo, hasta ese instante.
El sentido de toda la vida estaba ahí, precisamente. En ese abrazo sin tiempo. 
Quisiera que ojalá dentro de mucha vida, cuando colapsen en ese instante mi antes mi después y mi ahora,, algo de ese momento queden en su recuerdo.
Como una sensación. Como una huella invisible.
Que un día, sin saber por qué, sienta que en el mundo hay lugares seguros
y que alguna vez estuvo protegida en éstos brazos.