viernes, 12 de junio de 2026

 Encuentro con Kaia


Hace unos días  fui a buscar a mi nieta Kaia al cole. Apareció corriendo hacia mí con esos ojos intensos y su risa de catarata.
Comimos ñoquis, nos divertimos y me contó cómo le había ido. Después me pidió ver Frozen.
Una de esas historias donde el amor y el temor se enredan no sin algo de perversidad.
Ella miraba con ojos nuevos aunque conocía la historia. Después de un rato me dice con voz temblorosa, “abuelo ahora vienen los lobos?”
Miraba inquieta, asustada, entonces le pregunté.
—¿Querés seguir viendo la peli?
—Sí… —me dijo. Y enseguida— Abuelo… ¿los lobos la van a comer?
Su cuerpito se fue acercando al mío, como si supiera el camino. Primero un poco. Después más. Hasta abrazar mi brazo izquierdo como quien se agarra de algo que no quiere perder. Temblaba pobrecita. —Vení, subí con el abuelo. Le dije
Se sentó en mi falda, todavía tensa y asustada. Me pellizcaba las manos suave, asegurándose que yo seguía ahí.
Y entonces la abracé. Con los dos brazos.
De a poco y muy de a poco, se fue entregando.
Hasta que apoyó su cabecita en mi pecho.
Y en ese instante entendí algo que no sabía. O sí, pero se me había olvidado.
Ser abuelo es, quizás, lo más parecido a ser un cielo. Un refugio. Un momento de calma.
Y en un abra cadabra hacer que el miedo de esfume. Se transforme.
“qué me puede pasar rodeada con los brazos del abuelo?”, sentí que ella sentía.
Y entonces agradecí.
Agradecí todo lo vivido. Yerros, aciertos, luchas y paces. Todo. Porque todo eso, de alguna manera, me había traído hasta ese sofá, hasta ese abrazo, hasta ese instante.
El sentido de toda la vida estaba ahí, precisamente. En ese abrazo sin tiempo.
Quisiera que ojalá dentro de mucha vida, cuando colapsen en ese instante mi antes mi después y mi ahora,, algo de ese momento quede en su recuerdo.
Como una sensación. Como una huella invisible.
Que un día, sin saber por qué, sienta que en el mundo hay lugares seguros
y que alguna vez se sintió protegida rodeada de mis  brazos.


domingo, 7 de junio de 2026

Presente Perfecto



Presente Perfecto

Vivo acá. En mi paraíso. Por donde pasaba entrenando de chico cuando dábamos la vuelta al clubJusto acá, en la esquina, empezaba una cuesta dura de subir. Como en la vida. Apretar los dientes y seguir. Recuerdo muchas veces haber soñado con que mi vida transcurrieracá. Con esos árboles y la cercanía al club. Flashes lejano casi imperceptibles. Pasaron años y cosas en el medio. Muchas. Casi todas. Ausencias que no tuvieron reemplazo, exilios, llanto y locura. La facu ,el rugby, los amigos, la madre de mis hijos. Cuatro varones que me curan el alma. Me la cicatrizan. Me la suturan. Después, la separación.La negra apareció en el momento justo. Preciso. Mi compañera desde hace veinte años. Mientrasmi árbol me estaba esperando. Como esperan los árboles, así, en silencio. Una jugada del azar, inesperada, me hizo comprar la casa donde vivía él, dando sombra y derrochando colores. Cobijando. Después, mucho después, un delirantenos dijo que nos teníamos que encerrar. Que los murciélagos chinos y no sé qué. Que el aire libre era peligroso. Que dar un abrazo era un pasaporte a la muerteLa gente enfermó de miedo. La reflexión colectiva se tomó licencia. En esa época entrópica y alborotada, fueron apareciendo de a poco diez ojitos de cristal que me dicen,abueloPronto me enseñaron un amor distinto. Infinito. De abrazos interminables. De cuerpo a cuerpo sin tiempo. Pero en esos días de aislamiento que transgre rebeldelo empecé a observar. Dicen que griegos y celtas creían que en los árboles habitaban los Dioses. Quizás sea cierto. De a poco, al nuestro, mi compañera también lo fue descubriendo. Lo decoró como con ropa de lana de colores y cositas que hacen ruido con el viento. Así me amigué de él. En aquél marzo empezaron a amarillearse sus hojas. Como me está pasando a mí ahora. Como cuando de golpe la salud te dice, pará. Cuídate. Y ahora vuelve lento arepetirse el mismo proceso. Hoy está sin hojas. Con las ramas desnudas como venas abiertas mirando al cielo. Así estoy. Mañana empiezo el tratamiento. Tres meses de espera otoñándome mientras llega el invierno. Esa parte de la vida que prometo postergar todo lo que se pueda. Tengo mucho por hacer. Mucho por crecer cambiar y aprender. Cosas que compartir y disfrutar. Entonces el segundo jeringazo y rayos todos los días cinco semanas. Cada mañana y cada regreso a casa me irán mostrando el paisaje. Seguramente veré reverdecer mi entorno, mi vida y mi árbol. Le aparecerán brotes verdes y luego hojas. Y así será. Y me estará esperando mi compañera para enredarnos en abrazos. Y habrá alegría y ruidos de juguetes, bicis, pelota y disfraces. Sonará fuerte la música. Y habrá vuelto el compañero, el padre, el abuelo y el amigo que no dejé de ser. Y será irrefrenableComo un rayo. Como un vuelo de águila. Como la luz. Y estaré agradecido. Y comprobaré una vez más que se puede cortar una flor o talar un árbol, pero que será imposible detener la primavera.


 Tomy

Sábado  de sol y rugby. Una tarde de que parecía una tarde más. 

Pero no.De pronto Tomy retrocede y cae. Sí Tomy. El de hierro. El que tacklea con ruido. 

El que al adversario le cuesta enfrentar porque le es incómodo. 

Y ahí empieza otra película. Le de cruzar el océano con un bote a remo. 

Entonces se despereza el elefante y va. Para dar hasta que duela. 

Todo el club detrás del Doc, del abuelo, del Bola, del gordo Toro de Marcelo, del Tucu en el instante donde  de un pedazo de cielo aparece  un ángel. 

Justi. Preguntando si puede colaborar. Con la humildad de los  distintos. De los apasionados. 

De los que creen. De los que te ilusionan. Y en 23 minutos que parecieron años, sin bajar la guardia y convencidos de ganar, lo trajeron de vuelta de algún extraño lugar donde te  fuiste un rato, Tomy. 

Mientras, la vigilia del club, la gente y la tozudez de la 88 experta en dar la vida por un amigo. Confiando. 

Eso somos. Más que un club. Una energía inquebrantable con un propósito. Que siempre da un poco más. 

Que no se rinde. Una esperanza colectiva. No. No es casualidad que la que lideró el milagro sea bisnieta de uno de los que soñó éste transito celeste y amarillo que nos une para siempre. 

Estemos juntos. Sigamos soñando fuerte.